pablo mora, venezuela
Pablo Mora
"¿Hasta cuándo las ideas serán pisoteadas?" (Fidel Castro)
En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno.
Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia, creadora, amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, invita a la bandera a batallar. Renazca, entonces, la cena que recrea y enamora, lejos de la antigua cena miserable. Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Acerquémonos todos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Pidamos todo el corazón del mar para la paz! Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca. Antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era. Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.
Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que cabalga las estrellas a caballo en los crines de la mar. El mar rodea la ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible bramido lo ciñe y espera su regreso. El mar no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado fervor, de las extrañas islas de la noche.
Siempre habrá de haber tiempo para un orden nuevo. No en balde Guilio Girardi, eminente ex sacerdote, ex observador experto del Concilio Vaticano II, filósofo y teólogo de la liberación, pensador y militante comprometido con los procesos de transformación y las luchas de los pueblos en América Latina, líder del Movimiento Cristianos por el Socialismo, suspendido a divinis en 1977, "cristiano sin Iglesia", nos enfatiza en que "la paz no consiste en la tranquilidad del orden existente, sino de un orden nuevo mediante la acción solidaria de los hombres... En este sentido, la paz pasa a través de la revolución, la revolución integral tiende a realizar una humanidad nueva... No es cuestión de explorar la tierra nueva, sino de crearla... Es la hora de la creación, de la esperanza y del riesgo... La hora de asumir personal y comunitariamente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso... Solo una tierra distinta hará menos increíble el cielo".
En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno.
Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia, creadora, amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, invita a la bandera a batallar. Renazca, entonces, la cena que recrea y enamora, lejos de la antigua cena miserable. Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Acerquémonos todos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Pidamos todo el corazón del mar para la paz! Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca. Antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era. Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.
Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que cabalga las estrellas a caballo en los crines de la mar. El mar rodea la ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible bramido lo ciñe y espera su regreso. El mar no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado fervor, de las extrañas islas de la noche.
Siempre habrá de haber tiempo para un orden nuevo. No en balde Guilio Girardi, eminente ex sacerdote, ex observador experto del Concilio Vaticano II, filósofo y teólogo de la liberación, pensador y militante comprometido con los procesos de transformación y las luchas de los pueblos en América Latina, líder del Movimiento Cristianos por el Socialismo, suspendido a divinis en 1977, "cristiano sin Iglesia", nos enfatiza en que "la paz no consiste en la tranquilidad del orden existente, sino de un orden nuevo mediante la acción solidaria de los hombres... En este sentido, la paz pasa a través de la revolución, la revolución integral tiende a realizar una humanidad nueva... No es cuestión de explorar la tierra nueva, sino de crearla... Es la hora de la creación, de la esperanza y del riesgo... La hora de asumir personal y comunitariamente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso... Solo una tierra distinta hará menos increíble el cielo".
"¿Hasta cuándo las ideas serán pisoteadas?" (Fidel Castro)
En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno.
Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia, creadora, amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, invita a la bandera a batallar. Renazca, entonces, la cena que recrea y enamora, lejos de la antigua cena miserable. Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Acerquémonos todos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Pidamos todo el corazón del mar para la paz! Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca. Antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era. Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.
Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que cabalga las estrellas a caballo en los crines de la mar. El mar rodea la ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible bramido lo ciñe y espera su regreso. El mar no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado fervor, de las extrañas islas de la noche.
Siempre habrá de haber tiempo para un orden nuevo. No en balde Guilio Girardi, eminente ex sacerdote, ex observador experto del Concilio Vaticano II, filósofo y teólogo de la liberación, pensador y militante comprometido con los procesos de transformación y las luchas de los pueblos en América Latina, líder del Movimiento Cristianos por el Socialismo, suspendido a divinis en 1977, "cristiano sin Iglesia", nos enfatiza en que "la paz no consiste en la tranquilidad del orden existente, sino de un orden nuevo mediante la acción solidaria de los hombres... En este sentido, la paz pasa a través de la revolución, la revolución integral tiende a realizar una humanidad nueva... No es cuestión de explorar la tierra nueva, sino de crearla... Es la hora de la creación, de la esperanza y del riesgo... La hora de asumir personal y comunitariamente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso... Solo una tierra distinta hará menos increíble el cielo".
En esta noche aciaga que cruzamos, en esta encrucijada de misiles y de cruces, soñemos junto al sueño de la mar. Pulsemos el tamaño del dolor ajeno.
Preguntémoselo al mar que el mar lo sabe. En esta noche fría, noche propicia, creadora, amiga, contamos con dos alas: con la noche y con el mar. Mientras la llama roja de la fe flamea, mientras el fuego azul del horizonte espera, invita a la bandera a batallar. Renazca, entonces, la cena que recrea y enamora, lejos de la antigua cena miserable. Tirémonos al mundo. Añadamos, por fin, algo al mundo. Acerquémonos todos a la vida, al parentesco que a las costas de la divina antigüedad nos ata. ¡Pidamos todo el corazón del mar para la paz! Alejémonos de las cosas, pongamos un mar de por medio, para ver las cosas de cerca. Antes que el tiempo se acuñara en días, el mar, el siempre mar, ya estaba y era. Sobre la cresta de la ola a merced del mar bogamos todavía, cumpliendo tiempos, soles irreales, espejismos. A pedirle a la luz que nos espere. A reprocharle al alba su tardanza. A correr el peligro de la vida. A abrazar el asombro de la muerte. Hasta sabernos vivos sobre el mar. A preguntar si la palabra sirve, si sirve para algo la alegría, si en el mundo no quieren a los tristes, si creen las espigas en el hombre, si tienen los milagros descendencia, si es cuestión de vivir contra morir.
Barco de larga travesía, ola lenta de fuertes resonancias, cabalga el hombre a pelo sobre el mar, el hombre en el Pegaso de la mar, cabalga que cabalga las estrellas a caballo en los crines de la mar. El mar rodea la ceniza del hombre, golpea, solloza, canta, reclama lo suyo; con terrible bramido lo ciñe y espera su regreso. El mar no está en la orilla, está en el hombre, en el paladar, en la mirada, en la pisada de molusco y ola. Pájaro de sol, de sal, escapado de un sitiado fervor, de las extrañas islas de la noche.
Siempre habrá de haber tiempo para un orden nuevo. No en balde Guilio Girardi, eminente ex sacerdote, ex observador experto del Concilio Vaticano II, filósofo y teólogo de la liberación, pensador y militante comprometido con los procesos de transformación y las luchas de los pueblos en América Latina, líder del Movimiento Cristianos por el Socialismo, suspendido a divinis en 1977, "cristiano sin Iglesia", nos enfatiza en que "la paz no consiste en la tranquilidad del orden existente, sino de un orden nuevo mediante la acción solidaria de los hombres... En este sentido, la paz pasa a través de la revolución, la revolución integral tiende a realizar una humanidad nueva... No es cuestión de explorar la tierra nueva, sino de crearla... Es la hora de la creación, de la esperanza y del riesgo... La hora de asumir personal y comunitariamente el riesgo de la aventura humana y afrontar con fortaleza la eventualidad del fracaso... Solo una tierra distinta hará menos increíble el cielo".
envio archivo cubano
|
Por lobitogabriel - 4 de Agosto, 2006, 16:28, Categoría: poesia
Enlace Permanente
| Comentar
| Referencias (0)
|